La mascota

Tenemos mascota nueva en el piso: se llama Mandi, y en su primera noche de nacimiento ya le hemos hecho tres modelos distintos de sombrero. El próximo día le haremos les vestiditos. Es una mandarina muy feliz, pero le asustan los botes de zumo. Criaturita...

Píldoras musicales

Último concierto al que he ido:



Canción en mente esta semana:




Tristemente enganchada a la banda sonora de:



Próximo concierto en la agenda:

Costumbrismo de andar por casa

Una mañana de domingo en casa. Recién amanecidos todos. Es bonito tener una hora extra de fin de semana.

Vigorexia de tercera edad

El mundo del freelance amateur provoca una sensación similar a la que deben de sentir los recién jubilados. Tras una vida relámpago, de idas y venidas, sin tiempo para respirar, de repente un buen día te acuestas sin tener que poner el despertador al día siguiente.

Una se levanta y no tiene ningún sitio hacia el que debería haber salido hace cinco minutos, ni tiene que cargar con un macuto provisto con todos los enseres que puedan ser necesarios a lo largo del día que tiene por delante. Nada. De entrada es una sensación incluso agradable, relajada, tranquila. De entrada.

A la semana la casa se hace pequeña, los paseos sin sentido carecen -efectivamente- de sentido, y las horas libres generan una sensación de inutilidad bastante agresiva. Estar sentada junto al teléfono esperando su timbrazo (laboral) cual adolescente enamorada no es sano, así que una decide tomar ejemplo de los mencionados jubilados y llenar su tiempo con actividades múltiples carentes de relevancia auténtica pero llamativamente fructíferas en estos casos.

A la espera de que los talleres de alfarería y cerámica variada mejoren su oferta, y embargada por el espíritu olímpico de corazonadas que nos envuelve (o arrolla, según enfoques), me he apuntado a aéorobic. Sí señores. En horario de mañana además, como buena maruja casera que ahora soy. En mi camino a convertirme en la reina del Día y otros mercado aledaños, confieso que he descubierto un mundo fascinante. Además de confraternizar con las vecinas (dadme dos días y me presento a presidenta de la comunidad) es muchísimo más divertido que ir, como la última vez que recuerdo haber realizado tal actividad, con amigas en pleno pavo a la salida del instituto. Seamos justos, la media de edad no es tan alta, hay muchas personas a las que les han forzado a tener tiempo libre también, pero las señoronas son las que más se hacen ver. ¡Y ojito con no seguir su ritmo!

Hoy ha sido la primera clase, por lo que no voy a quemar todo el juego que puede dar esto el primer día. Habrá más post en cuanto consiga infilitrarme como es debido y pueda estudiar su comportamiento desde dentro. Seguiremos informando.